Blog personal de expansión literaria y terapéutica. Entra y descubre muchas maravillas para curiosear.
De ti, de mí,
del sibaritismo cuando hay dinero,
del minimalismo cuando hay espacio,
del sexo oral cuando hay dos personas,
de los pasillos que construimos y apenas disfrutamos,
del parquet que fregamos y fregamos,
de lo que nunca me termino de ensuciar suficiente,
de la mirada lateral y los párpados que intentas hacer sexis,
del mírame y no me hables pero ven y penetra,
del santíguate mientras te arrodillas,
del venid y vamos todos a orar ante el altar del bar,
de la D y las demás letras con las que me cuesta decirte que todo es mentira... porque te estaría mintiendo,
de la D que has escrito y fíjate para lo que me has dado,
de léeme pero no me conozcas,
escríbeme pero no quedes conmigo,
mastúrbate pero no lo digas,
deja de hablar de sexo que estás muy salido,
haz como yo que ni lo hago ni lo digo,
de las mil maneras de empezar frases y tenerlas que empezar con un "de",
de lo que me das no se quita,
y de quítatelo ya, que te voy a dar,
de quien da y reparte,
que como eres tú, ven y dame tu mejor parte.
Decidiste que lo mejor que podía hacer para que me dejase de doler la cabeza era desenroscármela, a ver si los circuitos internos estaban averiados.
El portero nos pilló y pensó que me estabas haciendo un masaje en el cuero cabelludo. Se escandalizó tanto que corrió escaleras abajo gritando: “¡Le está dando en la cabeza!¡Le está dando en la cabeza!”.
Lo cierto es que me cortó el rollo, y cuando llegaron todos los vecinos, tenía tal jaqueca que no podía explicar lo que habías intentado.
Tú no dabas crédito al escándalo que se había formado. No comprendías como nadie de los vecinos con pelos blancos y cardados había intentado en su juventud ver si una cabeza era desprendible a base de desenroscar...
Comenzaste a balbucear y cuando conseguiste articular palabra, tan sólo pudiste preguntar :”¿Dónde está la cámara oculta?”