Ya no más

Ya no quiero ser la que baja la escalera.

No bajaré si no quiero,
no si no lo considero,
no si no lo merezco.

Si hubiera nacido varón,
si hubiera sido agraciado
con la bendición
de un halago,
por mi arrojada actitud,
por mi empaque y mi vigor,
habría sido sutil afeminado.

Si hubiera nacido morena,
me teñiría de rubia.
Si alta,
iría encorvada.
Si guapa,
afearía el rostro.

Porque si sigo haciéndome
al sentir ajeno,
vago por el desierto,
por lo desconocido que no tengo,
por lo que no soy
y no siento.

Cambio mi cuerpo por ti,
para que aplaudas,
cambio mi mente por ti,
para que admires,
pero sé que no aplaudes
ni me admiras a mí.

Sé que bates palmas
para que baile al son
que marcas de refilón,
al ritmo que te sobra,
al sentir que no te importa.

Y yo,
cual necia seguidora,
me hago rubia, encorvada y fea.

Y yo, que sólo era una niña,
quería ser tu amiga, caerte bien, jugar contigo.

Y tú arrojaste tu mirada al suelo,
cambiaste de tema,
dejaste de aplaudir,
y bajé la escalera.

Ya no más.
Te lo digo.
Yo, no más. 

Feliz cumpleaños, poeta

Hablarte en pequeñito es mi manera de amarte,
ya no sé si funciona para ti, 
pero lo hace para mí. 

Mirarte mientras lees es mi deleite,
desconozco si aún lo notas, 
y si acaso ya te molesta,
pero yo 
no lo pienso dejar. 

Muchos versos han pasado de tu boca a mi oído,
muchos besos de mi boca a la tuya,
muchas letras, muchas notas,

muchos y muchas. 

Acaso no hayan pasado treinta y dos años,
sino treinta y dos vidas, 
y sólo he podido pasar cuatro contigo,
casi cinco. 

Así, aunque sólo sea porque tengo sed,
de tus versos, de tus besos, de tus letras,...
dame de beber un poco más,
no seas así.

Porque dónde voy yo, poeta de mis anhelos,
dónde voy yo ahora que lo sé, 
que nací para musa tuya,
sobreviví para leerte,
sufrí para que me aliviaras,
lloré para hacerte reír,
me apagué para brillar a tu vera,
caí para que me elevaras
cada día al llegar a casa,
cuando llego y no pasa nada,
todo está bien,
todo lo llevas en calma,
me subes la sonrisa y la falda,
me bañas en tus ojos y en tus palmas. 
Y me dices: "Esto es la vida".

Dónde voy, te digo,
sin saber dónde pondrás tu último verso.

Te lo digo en pequeñito, pero te lo digo a lo grande:
en nuestro unicornio hacemos lo que nos da la gana,
y yo quiero seguir volando más vidas
abrazando tu espalda
y soñando versos.

Tras el vacío



 

Vimos lo que les hicieron,
los sepultaron en ladrillo, en cristal, 
los amortajaron con trajes,
los alimentaron con billetes, 
los rellenaron con sofismas,
y entonces, sólo entonces, 
ellos produjeron el vacío. 

Un vacío puro, oscuro, inmaduro, 
que absorbe la luz,
alinea los brillantes zapatos
anuda corbatas, 
exige drogas. 

Recuerda, lo habíamos leído antes, 
que si creabas el vacío, 
el gris teñiría las miradas, 
el reloj sería un tirano,...
y la rosa no tendría sitio. 

La nada y el vacío han llegado
y yo te estoy llamando. 
¿Dónde estás?

La rosa te necesita, 
a ti, 
a tu esplendente espada de madera. 

Aquí estás, 
por fin llegaste,
ahora sí: 
desata la luz, 
ilumina el púlpito, 
propaga la verdad 
y protégela. 

Protege la rosa. 

Nadie más

Ya viste su semblante, 
amazona, 
cuando dijeron "¡No!" 
y tornaron el paso. 

Querían decir más, 
aplastar tu porte,
doblegar tu sello,
mitigar la brisa
que traes
desde que el mar besó
tu blanco pie de cristal. 

Hoy,
nadie más podía ser,
no hay error posible,
la espuma te precede,
y se avecina a la costa. 

Arribarás de nuevo,
con tus rizos y sonrisas,
cual mujer que sabe,
que sin regreso 
no hay valentía. 

Estás volviendo,
me dicen,
esta vez por el Sur,
como ave que regresa
y domina la Tierra madre.

Redoblan los tambores,
el vigía sube la torre,
algunos preparan flores,
y otros, ya sabes,
afilan dientes y guadañas. 

Tú los ves, los sientes, los respiras
e inspiras. 
"¡Ven!" claman algunos.
"¡Marcha!" ordenan otros. 
"¡Venme!" rogará aquél. 
Y espiras. 

Ya viene la amazona, 
cabalga la espuma, y con brío, la ola. 
Porta ya sus atavíos, sus armas, sus laureles. 
La esperen, la teman, la deseen, o la odien,
lo cierto es que todos se preparan
al a recibir su sonrisa el puerto. 

Sólo ella, nadie más. 

Seamos libres

De ser libre, tendría alas, 
miraría como cigüeña al ocaso.
Subiría, bajaría, 
jugaría con mis amigos, los vencejos. 
Eso haría. 

Para ser libre 
habría de aflojar el ceño, 
destensar el cuello,
aliviar paso y mirada, 
tal vez parar. 
Así sería. 

Quien libre sea,
decidirá callar pronto, 
quedarse quieto, 
dormir, 
quizá sentarse,
susurrar y no gritar, 
escuchar después de oír, 
leer, 
escribir, y tal vez, sólo tal vez, 
no escribir. 

Mañana sería un buen momento,
la libertad nos llama,
amigo, paisano, hermano. 

Sal del rincón, asoma, 
han dicho que podíamos volar, 
lo dijo el telediario, 
los estudios científicos,
el horóscopo y mi libro. 
Ya te han bajado el ceño, el cuello y la mirada. 
Te veo callado y quieto, 
me hablas quedo y bajito. 
Te sientas y escribes. 
Te paras y lees. 
Te veo libre y celeste. 
Estamos listos.

Vamos ahora con los vencejos. 

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