Un día, una gárgola de piedra le dijo a otra:
La otra gárgola le contestó:
“Hermana, han pasado
los siglos desde que él nos creó, nos ha olvidado a nosotras y nuestro objeto.
Tiempo ha desde que nuestro creador dejó de mirar hacia arriba. No nos reconoce
ni nos teme, y peor: cree que no debe temernos.
Es hora, pues, de que
le recordemos una de las supremas Verdades, que es ésta: todo lo que sube, si
se socava, acabará por caer”.
A la mañana siguiente el noticiero rezaba así:
“Gárgola de San
Eutiquio se desploma a los pies de un ciudadano armado”.