Pues sí, señores, por fin me decidí, no me hice budista, ni me rapé el pelo al cero, al final ni siquiera me hice un tatoo, me hice algo de lo que tenía muchas más ganillas: un piercing. Ello no significa que haya rechazado por completo la idea del tatoo (una clave de sol en la espalda). Sé que lo que os estoy contando os importa una baba de buey, pero os pongo la foto, porque resulta curioso cómo ha quedado mi oreja, máxime cuando no tengo ningún pendiente en los lóbulos de las orejas. Como dice una amiga, siempre tuve un punto rarito. Si hubiese leído este blog habría dicho que soy más rara que un perro morado. Un beso a todos y gracias por participar en la encuesta. Voi-ci le résultat!
Llámalo "Mi País", porque también es tuyo, y está lleno de detalles para curiosear. No nos cortaremos ni un pelo en expresarnos, porque las Maravillas son variopintas, libres y contagiosas.