Construcción (gracias Fer)

Deconstrucción

Tira, con suavidad, tira del intestino a ver si sale todo entero y sin romperse, igual que las mondas de la naranja. Tal vez si le das un certero y último giro de muñeca consigas que salga el estómago. Ahí es donde guardaba las mariposas, aunque ya se han estrellado todas hace tiempo, encontrarás cadáveres de ellas, y tal vez alguna larva moribunda.
Lo bueno de desmontar un cuerpo es que siempre puedes elegir por dónde empiezas, por donde más rabia te dé. La última vez yo me decidí por unos ojos, los miré y los miré, y al final, de tanto deseo, los cogí como cerezas en almíbar. Bueno, los tomé prestados, que tampoco soy tan sádica. Quedaron llorando unas horas, pero la experiencia yo creo que mereció la pena, ahora conozco este precioso órgano mucho mejor.
Puede que la próxima vez me dedique a desenroscar orejas, parecen estar hechas para eso. Podría colocarles unos pendientes "yeyé", los más horteras que encuentre, para probárselos sin que el propietario se dé cuenta, y luego devolvérselas cambiadas.
Dicen que la deconstrucción de los elementos puede dar lugar a inicios insospechados. Yo ya estoy deconstruida, y he sembrado en mi cuerpo una vulva y unos pechos, que espero que den fruto en primavera. Hasta entonces abono, cariño y comprensión. Aunque hace años que todo lo que planto, salvo los cactus, se me muere. Será cuestión de tener fe esta vez.

Querer más

Entró en el Café de Oriente. Estaba aburrido de tanta lluvia intermitente, y de tantas mujeres mojadas e insatisfechas que le habían avasallado por la calle con su indiferencia y tal vez con desprecio disimulado...tal vez... ya no sabía lo que era cierto o lo que no.
Se sentó. El camarero de la pajarita, el más feo, cómo no, fue el único que se percató de su presencia y se acercó para atenderle. Le sirvió el té que pidió, diligente y tal vez despectivo...tal vez. Después le preguntó: "¿Quiere algo más?".
Se quedó absorto, aquella pregunta evocaba algo mucho más profundo. En un segundo pasaron por su cabeza un sinfín de pensamientos. Claro que quería algo más. Quería que dejara de llover o que lloviera de verdad. Quería un trabajo que le permitiera llegar a fin de mes dignamente. Quería que su padre dejase de morir poco a poco. Quería tener mucha más clase para no sentirse fuera de lugar en aquél insigne puesto de café. Quería poder tener hijos con alguien y no necesitar plantearse la adopción. Quería que le dijesen que tocaba bien el piano cuando pasase por delante en el metro. Quería tocar dos buenos pechos como los de las revistas. Quería decirle a ese camarero que la pajarita ya no estaba de moda, al menos no las que vendían ya con el lazo hecho. Quería dejar de ser conformista y decirle a la vida todo lo que ésta le debía. Quería comenzar a ser osado y reclamar resultados, éxitos, reconocimiento, riqueza, carisma... Quería más, claro que quería más. Por primera vez se sintió con derecho a reclamar más de lo que le había tocado en suerte.
"Sí, - contestó, -, cierre la puerta del bar y levante las manos, esto es un atraco, vayan poniendo todos sus pajaritas sobre mi mesa. Ya veré qué es lo siguiente que quiero".

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