LUNES POR LA TARDE

Dime una cosa. Dime si al levantarte esta mañana no te desgarró el pitido del despertador. Dime si justo cuando esa aguja sonora retumbó, no estabas soñando con sus ojos, a dos centímetros de los tuyos. Y vuestras bocas a menos de cinco.

A menos cinco, que es cuando siempre acabas saliendo por las mañanas de casa. Que te he dicho que llegues más pronto. Que no des el cante con el chirrido de la puerta, que siempre ensordeces la voz del de la tarima a y cuarto. A la cuarta hora sueles haberte despabilado. Pero aún tienes la cabeza en otra parte: en sus ojos.

Aunque hojees el Tribuna cada lunes y no haya enviado ningún náufrago dedicado, cada lunes compones tú uno para él. Porque los lunes sin él te matan, y los martes sin él, y los miércoles…Y aunque siempre retengas el viejo truco del mensaje subliminal “desde mi lunes asesino” (pondrías), sabes que su saldo es nulo, y que la misiva te parecerá hacerla al aire.

Te quedas sin aire después de cientos y cientos de personas que por detrás se le parecen, encuentras su chupa, su barba, su postura…su nada. Otra vez vuelve a no ser él. Tu “¿Dónde está Wally?” particular es ya más nocivo de lo que pueda reconfortar a tu mente.

Por tu mente pasan una y otra vez las mil cantidades de compromisos, deberes y rutinas infinitas. Te tocará repetirlos hasta avanzada la noche de ese lunes, como tantos otros, agonizantes, desquiciantes, sádicos punzantes y sableantes lunes, martes…Un horario infernal, que mata a cada azote de lluvia.

Después de que te maten la comida, el inglés, el vaivén de tus pies de una punta a otra de la ciudad, lo que menos te apetece es dormir para soñar no verle. El carajo es un buen sitio para que a veces se vayan los lunes y sus consecuencias.

Dime si te importan las consecuencias. Dime si ignoras el incremento de tu sueño acumulado. Dime si al final del día, con ojeras como cráteres no lo irás a buscar para tener su ojos otra vez a 2 centímetros de los tuyos.

AIW – 4/10/2000

“14 DE FEBRERO = VEINTICATORCE DE SEPTUBRE”

Eso es: día de las parejas, o sea que tú no, tú no y tú tampoco. Quedáis excluidos oficialmente del homenaje que rinde este día a las parejas. Es decir, los números primos pares de personas sí, y los demás, absténganse de adquirir aunque sea un mínimo de atención o símbolos de afecto. Ya que no tienen a alguien deseado en su compañía.

Salimos de clase y me dice: “¿Me acompañas a comprar algo para una chica?”.

¿Cómo me voy a negar?, ¡Sería un sacrilegio! Tras mi obligado consentimiento nos vamos al rastro, a ver baratijas de esas que sólo son bonitas si llevan afecto en la entrega…Una mediocre, otra hortera, otra sosa… hasta que llega la perfecta: la gargantilla por excelencia. Él nunca tuvo el cuello esbelto, como buen “macho” que es, así que, con mis sospechas crecientes, me lo pruebo: “Te queda como un guante!”. Qué cielo, cómo disimula, con qué poco garbo, y cómo se nota que me está comprando mi propio regalo…En fin, déjale, tú déjale, que al final será mejor si te haces la tonta…

Y una vez en tu portal, sabes llevar la conversación hasta tal punto, que tu ex novio, después de haberle hecho el favor de acompañarle, no debería saber otra cosa que agradecértelo en especie, en esa especie de objeto que lleva envuelto en un papelajo con lacito. Pero no: dos besos y a casita que llueve.

Y esa misma noche, como casualmente es viernes, no se te ocurre otra cosa que salir, para ver si cae alguna rosa, algún bicho de esos que venden los chinos, que tanto esquivamos en apariencia, y que tanto anhelamos en verdad.

No: ni Adolfo ha salido por donde tú vas para ser tu “amante bandido”, ni Germán ha decidido que solamente tú eres la chica que realmente merecía su compañía esa noche (y no la guarra de Teresa, que con esa raja en la falda, algún día se va a coger una neumonía que se puede ir al patatal…), y peor… Lo peor de todo es el momento en que decides irte a casa. Estás cansada, la seriedad se ha petrificado en tu cara, la marcha en el cuerpo se ha volatilizado, como el mareíllo del alcohol, a la salida del bar te lo encuentras. Ese sapo retorcido y maloliente (su nombre es Manu, para más información) le está succionando hasta los intestinos a una loba inmerecedora de la preciosa gargantilla que lleva. Ya no quedan esperanzas, y no estás dispuesta a buscar más jaleos, porque, encima de la cama, sentada, sin desvestir todavía, mientras miras al póster de la pared, con figura hierática y quebrantada por escalofríos ocasionales, sabes que vas a estar mucho más cómoda.

Y tanto repetir una y otra vez las escenas de la noche, o de lo que es recordable de la noche, repites un año más el auto flagelo mental: si es que soy lerda, ¿por qué no le dije que sí a César en su momento?... Con lo majo que es, pero es que…no me gusta…aunque ahora tendría rosa seguro. Pero una rosa más o una rosa menos: ¿qué más da? Tengo la de Manu ahí, para la posteridad. Bueno lleva ahí casi un año, pero es igual de bonita. Manu me la regalo, Manu…Odio a Manu… No tiene gusto, ni siquiera para las gargantillas, y mucho menos para las lobas, que siempre está rodeado de lobas…¿Y por qué yo no?...Bueno, no debería quejarme, porque yo también tengo mi cosa, también ligo…pero nunca en San Valentín…Siempre, por narices tengo que estar sola en San Valentín, y eso es muy agobiante…y ¿qué importa? Tengo un montón de amigos, y …No es lo mismo, definitivamente no lo es…Odio este día…Bueno, no…creo que es este día el que me odia a mí.

Existe una época durante el año en que somos felices con la pareja, en que podemos regalarle tan sólo sonrisas y calidez del alma, y en que no pretendemos otra cosa que disfrutar de su alegría. Saca el mayor partido de ese tiempo, aprovecha los dichos preestablecidos del “carpe diem” y el “cogite virgo rosas…”, que para algo están. Pero hazlo a tu manera. No esperes a San Valentín, entrégale hoy mismo tu verdadera riqueza personal, ponte a sus pies, aunque algún día te arrepientas. No dejes nunca que un calendario rija tus delirios pasionales, porque entonces se congelan, se rompen y se vuelven inútiles. Esos arrebatos son así, imprevisibles, sin cuando, sin qué, sin para qué, sólo con un por qué: deseas, amas, y por eso entregas para no recibir.

Si en este 14 de Febrero no tienes a quién besar en los labios, reserva tu beso, no lo malgastes en otra persona si sabes que no es la adecuada. Espera a que tu “alguien” esté ahí para recibirlo, tal vez dentro de mucho o tal vez dentro de poco tiempo. Siempre que lo has perseguido incansable con la mirada; todas las palabras que te has tragado para no parecer plasta; todos los nudos de garganta neutralizados para maquillar los celos; y ante todo, una espera harto prolongada y disimulada, calmada a base de sucedáneos, merecen un buen desenlace. Todo el mundo lo tiene, y nosotros, que somos igualmente mortales, también. Cuida que sea dulce, cuida que sea sincero, cuida que sea reconfortante, que sea personal, y que sea cuando tú quieras: no mires relojes ni calendarios, auque sea 14 de Febrero…

AIW – 31/01/2000

Es Gratis

Cada vez que me invade la objetividad se me torna el semblante gélido, y me vuelvo inesperadamente efectiva en cada cosa que hago. Hay un rayo que me parte la sonrisa, la pierdo entre los labios, se fosiliza, se marchita…Aunque sé pasearla en las noches de sonrisas ebrias, para hacer juego con ellas, y que se sienta integrada.

Otras veces, no sale porque, en el gregarismo de las masas que me rodean, inconscientemente me percato de lo mucho que cuesta enseñar blancas alegrías, que rallan incluso en lo naíf, para que en jun arrebato ajeno de rutina me las partan. Aceptémoslo, cada día, no sé si porque llega el fin de curso, porque hace demasiado calor, porque han pasado ya las elecciones o por veinte mil excusas más, escondemos más las sonrisas.

No es opinión personal: es pura ciencia empírica. El instinto de supervivencia humano abarca todos los aspectos, incluso el de conseguir atención para sentir abrazada su autoestima. Si alguien sonríe, nadie le llamará para tomar un café y analizar punto por punto las razones de su estado anímico. Al contrario: más le vale ser él el que se arranque si quiere confraternizar con alguien. Pero no quiero malas interpretaciones. Ésta no es la gran maratón cafetera, y el que menos tacitas raquíticas consuma no va a quedar descalificado para alinearse entre los clasificados para ser los más sociables.

En realidad, la sonrisa no es sólo un arma cuando se oculta, sino también cuando se muestra ampliamente. Y como arma es fuente de regalos, engatusamientos, amoríos, desvaríos, y a veces incluso de trabajos. Ha sido muy comúnmente usada como proyectil directo a los ojos. Ojos frecuentemente nublados

Encantada de seguir conociendo

Tenía gran razón Cela con su visión caleidoscópica del mundo en “La Colmena”. Una se siente liliputiense cuando, al contrario de lo que quisiera crece en cuerpo y conocimiento, en alma y relaciones sociales. Y así se descubre una cantidad sin fin de vidas y vidas, una detrás de otra, todas ellas iguales de complejas y sencillas que la mía.

“Creced y multiplicaos”. Ahí el hombre dijo “¡A la orden!”, y se multiplicó en número, posibilidades, capacidad, inconveniencias, prodigios y entuertos por deshacer.

Tras muchos más de seis mil millones de personas, me encuentro yo, echando de menos a una seis-mil-millonésima parte de ellos. El hombre es un animal sociable, político, egoísta…Cantidad de filósofos que históricamente acaban coincidiendo en que cada uno barre para su casa, arrima el ascua a su sardina, y espera a que la gente venga mientras él, de brazos cruzados no va personalmente a llamarlos al interfono.

Mil y una excusas tengo para justificar mis últimos ataques de artrosis dactílica a la hora de llamar, y una de ellas sería que yo también pertenezco a la racista raza humana. Ahora me lamento, me retuerzo, me quejo y me lamo las heridas. “Busco la niña que fui”, como diría Luz Casal, y a lo niños y niñas con los que iba.

Busco abrazos, manos, ojos y palabras a los que atar para nunca se vuelvan a ir. Me estoy agarrando a un clavo que apenas arde, y que probablemente sea un espejismo. Y así es como me doy cuenta…

Así es como caigo en la cuenta de que buscando esos orígenes me rebelo contra la naturaleza del hombre, que es, de por sí, nostálgica. Sin embargo, no quiero añorar, no quiero perseguir el pasado desde el presente. Porque las vivencias pretéritas siguen en mí, en mi memoria, y están sobre todo cuando sonrío sin darme cuenta, al pensar en ellas.

Al final, después de las pataletas de Peter Pan, me aferro a mí misma. Ahora sé que aquellos a quien abracé, hablé, consolé, invité, destripé mis penas y besé, nunca merecerán un ápice de olvido. Sigo siendo la misma niñata besucona, vivo en el mismo sitio y con el mismo teléfono para continuar dando la tabarra con él. Ahora tan sólo he crecido, y mis brazos también han crecido, porque quieren abarcar la gente y costumbres de antes, ahora y siempre. ¿Quién dijo miedo?

AIW --- 04/10/2000

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