Dime una cosa. Dime si al levantarte esta mañana no te desgarró el pitido del despertador. Dime si justo cuando esa aguja sonora retumbó, no estabas soñando con sus ojos, a dos centímetros de los tuyos. Y vuestras bocas a menos de cinco.
A menos cinco, que es cuando siempre acabas saliendo por las mañanas de casa. Que te he dicho que llegues más pronto. Que no des el cante con el chirrido de la puerta, que siempre ensordeces la voz del de la tarima a y cuarto. A la cuarta hora sueles haberte despabilado. Pero aún tienes la cabeza en otra parte: en sus ojos.
Aunque hojees el Tribuna cada lunes y no haya enviado ningún náufrago dedicado, cada lunes compones tú uno para él. Porque los lunes sin él te matan, y los martes sin él, y los miércoles…Y aunque siempre retengas el viejo truco del mensaje subliminal “desde mi lunes asesino” (pondrías), sabes que su saldo es nulo, y que la misiva te parecerá hacerla al aire.
Te quedas sin aire después de cientos y cientos de personas que por detrás se le parecen, encuentras su chupa, su barba, su postura…su nada. Otra vez vuelve a no ser él. Tu “¿Dónde está Wally?” particular es ya más nocivo de lo que pueda reconfortar a tu mente.
Por tu mente pasan una y otra vez las mil cantidades de compromisos, deberes y rutinas infinitas. Te tocará repetirlos hasta avanzada la noche de ese lunes, como tantos otros, agonizantes, desquiciantes, sádicos punzantes y sableantes lunes, martes…Un horario infernal, que mata a cada azote de lluvia.
Después de que te maten la comida, el inglés, el vaivén de tus pies de una punta a otra de la ciudad, lo que menos te apetece es dormir para soñar no verle. El carajo es un buen sitio para que a veces se vayan los lunes y sus consecuencias.
Dime si te importan las consecuencias. Dime si ignoras el incremento de tu sueño acumulado. Dime si al final del día, con ojeras como cráteres no lo irás a buscar para tener su ojos otra vez a 2 centímetros de los tuyos.
AIW – 4/10/2000
Rusia
Hace 1 semana