De margaritas y botellas

Por José Antonio Gutiérrez Caballero


¿A qué huelo? ¿En qué lodazales me he revolcado?
¿Con qué me ensucié todos estos años?
¿Acaso queda algo limpio en mí?

Nadie se dió cuenta de mi prístino talón de Aquiles.
Tropezaron con él una y otra vez.
Hoy es el día en que lo tengo roto de tanto mostrarlo,
de tanto presumir de talón limpio.

Me pregunto si repartí bien las cartas, si a todas les puse franqueo,
o si tal vez equivoco el destinatario,
o acaso las mando como botellas en procesión acuática y titubeante.
Me pregunto si acaso no he enviado margaritas dentro de las botellas.

Si acaso las margaritas han sido devoradas por cerdos,
o si simplemente se las llevó la marea de besos, de pechos, de lechos, de roces deshechos,...

Me pregunto si me queda alguna primera vez, o si ya gasté el bono.
Me pregunto quién eres tú,
que avanzas insinuante y colocas tus pezones en mis ojos,
al tiempo que te peleas con mi cinturón.
Me pregunto si eres tú la anónima que recogió mis margaritas en silencio.

Me pregunto si en tu almacén de braguitas mojadas conservas un botellero
con margaritas de diversas cosechas.
Si por las noches sacrificas botellas,
o si simplemente las clasificas y las guardas .

Me pregunto si...

si esta margarita única y raquítica que me queda en el regazo
va a yacer para siempre sobre mis piernas,
o si es la única que entregaré en persona
a su legítima destinataria:
a ti, mi Sirena Recogebotellas.

Dibujar en la arena

Son así las cosas de verdad, las que dejan poso, las que arañan la boca del estómago.
Son así, igual que las azarosas moléculas de agua que a veces cazo semidesnudo en la orilla.
El hecho cierto es que me paso la vida desesperado por cazar sensaciones al vuelo, fotografiarlas, escribirlas, poner puertas al campo y hacer jardines en medio de la selva. Busco ser omnipotente y creer que el paso del tiempo del que tanto se dolía Machado no es más que una excusa para otros maniatados a las manillas del reloj manido. 

Pero no, el tiempo me quita la razón. El tiempo me retira las experiencias y me las vuelve a cubrir de arena, como si no hubiese nunca dibujado con mi dedo ningún nombre, ningún castillo de naipes acuosos y salinos. El tiempo se desploma sobre mi cabeza cada vez que cierro los párpados. Me dice que un día más ha transcurrido desde aquéllo que vivimos desaforados y en comandita, compartiendo y bajo conjunciones astrales irrepetibles, drogados por la fortuna, parpadeando en un morse destinado a no verse reproducido de nuevo.

Tengo tanto miedo de instalarme en este miedo y empobrecerme de poco en poco.
Tanto miedo de ennegrecerme los dedos con las hojas del calendario.
Tanto miedo de comparar...
Tengo tanto miedo de que lo que vivo no sea real, sino sólo una percepción, un deseo de vivir algo bello y permanente, algo que sea indeleble y pueda recrear cualquier domingo mortecino por la tarde.
Tengo tanto miedo del tempus fugit...

Sin embargo la arena en la que dibujo es la que llena los relojes, la que da sentido al futuro, la que hace valioso cada instante. La arena es la única con la que puedo construir castillos semidesnudo, la única que se queda entre mis dedos

No quiero repetir secula seculorum una vida de cuento de hadas en la que todo sea de azúcar y por tanto todo lo mismo...entonces, ¿qué carajo quiero?

Quiero vivir despierto, consciente de cada paso que doy, de cada paso que das cerca de mí, conciente de cada latido y cada aliento, no quiero perder detalle de cada suelo que se me mueve. Deseo ser sensible a los reclamos de la intuición cada vez que me apedrea la nuca. Deseo pisar fuerte en la arena de la playa una y otra vez, tantas veces como vengan las olas. Así, cuando llegues, verás cuál ha sido mi sendero y al menos podrás decidir si seguirlo, si reinventar nuevos dibujos en la arena.

El Día de Hoy

Doy gracias y digo de nada.

Desde el mismo momento en que soplé y me intoxiqué con la misma capa de polvo que cubría los legajos cada década que hoy profano. Polvo formado por mierda, por piel y pelos, por ácaros y madera triturada. Doy y recibo. Esa es la vida.

Muchos dicen, opinan y escriben sobre ello...yo sólo pienso en el plano empírico, que es el que me puedo permitir. El plano en que mis manos soban y constatan la realidad de Santo Tomás, la de "si no lo veo no lo creo"; la que me tatúa el Universo ese, que dicen que implosiona y se expande; la puta realidad que me descuajaringa la espalda, porque ya son unos años; la realidad que me metes una y otra vez con fruición mientras...mientras me cuentas mentiras para poder meterme la vida una y otra vez más y más...
Como no leo, seguramente no digo nada nuevo sobre esta realidad que a todos nos hace iguales ante los ojos de la materia. Puedo pensar que es una materia suave o rugosa, pero al fin y al cabo, no deja de ser una piedra con forma de lija que me está robando las células muertas y creando polvo.
Y los cultivados vendrán, me lincharán, y objetarán sobre cada uno de mis improperios dirigidos a la vida. Me contarán historias sobre cavernas, sobre el lobo y el hombre. Me preguntarán el color del cristal con que os miro a vosotros, espejos volubles de mi realidad. Algún que otro despistado se aventurará a explicarme que todo funciona a raíz de mi percepción, que yo soy yo y mis circunstancias, que la fe y la razón son dos furcias pegadas a la misma moneda y las puedo tratar según me nazca...
Puede que un día ponga los pies en la Tierra y descubra que la realidad es más plana que mi encefalograma, que Copérnico murió justamente, que Galileo era un fantoche,... Puede que no haya tantos universos paralelos y simultáneos, que todos sean uno. Puede que este polvo que estoy respirando -y que va a generarme una hepatitis por intoxicación de realidad- no sean más que restos de otras realidades que otros percibieron y no supieron digerir.
Y yo, mientras, limpia que te limpia, ordenando por métodos bibliográficos recuerdos que no son abarcables. Males de ojo que obvié, juicios que dicen que gané, pulsos morales contra la indecencia que hoy anidan en mi colon irritable, amores hechos de milhojas que se deshicieron al primer mordisco, petardas que preguntan por qué me pongo tan mona, ocupas de mi agenda que dicen ser mis íntimos, familias deshechables...
Y con todo este conglomerado de torbellinos emocionales, yo me pregunto si vale de algo el polvo que ennegrece mis dedos. ¿Es necesario? ¿Acaso me lo merezco? ¿Debí zafarme de las vivencias que hoy ensucia? ¿Fueron realidad los capítulos de mi biografía o tan sólo una percepción? Este tapiz, esta nube que acabo de soplar... ¿Acaso no era mejor que reposase en el incierto orden que dicen que agrupa las moléculas? ¿Acaso no es mejor dejar de formar recuerdos para después no necesitar ordenarlos?
Voy a probarlo una temporada. Viviré el presente y formatearé mi disco duro.
Luego no me preguntéis qué tal me ha ido, porque seguramente no lo recuerde. Tal vez elija el Día de la Marmota para repetir eternamente. O mejor, elegiré el 27 de Marzo, me planto en este día, que además, es el Día Mundial del Teatro... No está mal, ¿no?

Silencio




Es o no es. Un concepto absoluto.

Se ha esfumado con mi primer tecleo...

Es mi moneda de cambio ante tu insulto, lo que me regalaste por mi declaración a los quince años, lo que te lancé cuando te ibas...

La respuesta de mi Dios, el anciano al marchar los nietos,

la biblioteca del sabio,

el milagro que acompaña a la mirada y lo que le introduciría a mi vecina la cotilla directo por vía anal.

Hay quien sabe manejarlo, quien no lo soporta y quien lo mata a base de televisión sin espectador.

Tengo pocos amigos con quien compartir en paz este tesoro, y muchos conocidos a quienes podría sustituir por él.

Lo que queda ahora en la Plaza de los Indignados, lo único que quedó por decir ese domingo tras mi voto.

El secreto de mi cerebro en ebullición, mi banda sonora cuando te lamo.

Por el día suena a apacibilidad soleada, por la noche muchos lo sienten lúgubre y en desasosiego.

En invierno se me mete como escalofríos punzantes desde la Catedral, directos a la nuca y lleno de nostalgias. En verano simplemente me aburre.

...Pero lo adoro, y últimamente, cuando lo encuentro, le saludo con un hondo y significativo inflado de pecho, lo inhalo hasta las entretelas y agradezco tener oídos para saborearlo como se merece.

Y ahora, hazme un favor:

Escucha a esta calle y...¡Cállate!

¿Me escuchas?

Yo no digo nada, no protesto, tan sólo quería comentarlo. Bueno, pues eso, que igual que tú me llevas hablando todo este tiempo de lo mal que está la vida y de que te has liado con la tía que no te presentado porque me la quería tirar yo...en fin, para un poco y déjame hablar a mí... Que sí, que ya sé que no tienes cuerpo, que me llamas para contarme tus penas porque escucho bien, porque además no me importa hacerte terapia gratis sin haber leído en mi puta vida ni a Freud ni a Jung, y sin si siquiera haber visto la peli que acaban de poner en el cine sobre ellos (que yo creo que debe ser un purazo de mucho cuidado)... Vale, vale, espero un poco más, vale y entonces qué decías, que tienes problemas...sí, ¿que crees que no te la quieren ni mirar? ¿y por qué? ah, que no te gusta ni a ti mismo, bueno, eso sí es un problema... Y la coreana que... Bueno, qué narices, esto no es como para deprimirse... ya, es que era un poco fea, y que una tía así no te la quiera mirar...sí, pero no fea interesante ni expresiva, fea de las que ni conociéndolas te paracen guapas, de las que ni con photoshop, pero... Bueno, entonces, ¿qué es lo que buscas? Ya: amor, amor del verdadero, y que te la puedan mirar sin poner caras raras, ya, hijo, es que si no te la cuidas, ... ¡AAAAhhhh!!! Que me estabas hablando de tu nariz. Ya... y por eso estás triste. Mmmmm...pero es que se nos está acabando el café, y... no me has dejado contarte, que el que te he llamado he sido yo, y claro, aún no me has preguntado siquiera cómo estoy. Sí, te prometo que cuando acabe el proyecto te llamo y me vuelves a poner de tus rollos-que-quieres-hacer-relaciones-pero-no-los-conviertes-en-relaciones-porque-lo-que-en-el-fondo-deseas-es-que-no-sólo-te-la-miren-ah-no-que-hablabas-de-la-nariz-pues-eso-que-no-tienes-relación-porque-lo-que-quieres-es-zumbártelas-a-todas-por-orden-alfabético.


Por fin, me toca.


Coño, me iba a poner yo poeta melancólico e inspirado, te iba a hablar yo del nudo que tengo en la garganta desde hace unos días y que me hace llorar hasta con la música del telediario...me has cortado el rollo. Eso, que estoy de bajeras. ¿Pedimos una birra a ver si se me pasa?

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