Episteme

Sabían las tablas dónde pisábamos. No se rebelaban. Aceptaban pasivas nuestras violentas huellas de polvo gris sobre el pulido negro. Más allá de los focos, en la nebulosa de falso humo, flotaban los ojos, que sólo se dejaban adivinar sin mirarlos fijamente. 
La voz percutía. Sentíamos con todo el cuerpo, y aun con el aire, las miradas y fluidos que éste despedía, quisiera o no. 

Más sabía el tramoyista, más el coletero en mi muñeca, más sabía el atrezzo derramado, mucho más, repito, que ninguno de nosotros. Porque no podíamos saber más, porque no asimilábamos más, porque nuestra misión era despedir, emitir, lanzar y proyectar... No podíamos saber más. 

Cuando paré, la basura estaba en las bolsas, los besos se habían dado, alborotado se hallaba cada cabello en el entorno, cansado se había el telón de tanto trasiego, cegados los espejos, cerrado el grifo... Me volqué en mis rodillas, no podían temblar porque las paraba el suelo. Mi pecho las protegía y mi espalda pedía no erguirse. 

Cuando paré pude reanudar el saber, que se parece tanto al saborear, a la certeza y al perpetuo fin de la discusión. 

Era agradable saber. Era agradable pero vertiginoso. Quien ya sabe no tiene más remedio que decidir. Quien decide elige un Camino. Quien elige un Camino es porque ya ha puesto un pie en él. Quien pone un pie en el Camino se le entrega. Entregarse es valerse de coraje. El coraje impulsa. El impulso hace avanzar. Quien no avanza no sabe si ha acertado. Es agradable saber. Es agradable saber ahora de los aciertos.

Agradable es saber ahora lo que las tablas ya sabían. 

Iñaki, el artista callejero sigue sorprendiéndonos

Hace mucho tiempo que no damos noticias de nuestro artista callejero favorito, Iñaki. Pero no es que nos hayamos olvidado...¡Ni mucho menos!
Iñaki se expande, igual que su creatividad y espontaneidad. Tal vez os hayáis fijado. Su arte abstracto invade nuestro casco histórico y los transeúntes seguimos admirados de la facilidad con que se inspira, y de la docilidad con que doma las paredes vacías, ahora completas gracias a él.
Este vasco de pura cepa, que se ha pateado Francia, es experto en forja artesana. En base a esta disciplina sigue elaborando sus exclusivas esculturas.
Pero el arte que ahora le caracteriza es el que nos enseña orgulloso en los muros de nuestra Ciudad de Piedra. Iñaki comenzó por la plaza del Corrillo, siguió por la Rúa, a distintas alturas de esta calle, en la Calle Meléndez y algunas otras esquinas donde aún no está terminada su obra y que esperaremos a mostrar.
De momento Iñaki se muestra satisfecho, comenta:"La gente pasa, pregunta, y yo disfruto el doble, creando y haciendo nuevos amigos".
Iñaki no pide, sólo recibe y agradece...pero sobre todo crea y disfruta.
Desde MPM os invitamos a que saludéis a Iñaki, seguro que os devolverá una sonrisa, sabiduría y amistad.
También os invitamos a que nos enviéis fotos vuestras con él...
Iñaki, por favor, sigue en la Ciudad de Piedra.


Lo que hubiera sido

Se arrastraba. 
Reíamos.

Se cansó de arrastrarse y aprendió a caminar.
Nos preguntábamos si se perdería.

Se cansó de caminar, y aprendió a correr.
Nos preguntábamos si se caería.

Se cansó de correr y aprendió a volar.
Nos maravillábamos de lo que vería.

Ahora sabe arrastrarse, caminar, correr y volar. 

El resto envejecemos en el palco.
Sabemos fumar, beber, cotillear y observar con los anteojos. 

Ojalá hubiésemos puesto nuestro codo en el suelo cuando aún podíamos.

Quién decide

Yo decido. Malinterpreto tus palabras a posta, las tergiverso y te vuelvo loca para provocarte y que montes en cólera. Luego me hago el loco y pergenio alguna broma sarcástica que logre sacar de ti la peor versión de tu persona que pueda imaginar. 


Yo decido. Te miro con ojos candeales y recorro tu rostro como si al tiempo la acariciara con la ternura de mil narcisos despedazándose al roce. Para cuando quieres echarte en mis brazos sólo esgrimes ronroneos y escenas de dulzura irrepetibles. 


Yo decido. Decido no hablarte cuando me preguntas qué me pasa, decido contarte, tras mucha insistencia por tu parte, algún trauma infantil que es igual que todos los que se relatan en los manuales psicológicos, pero que, por el hecho de narrarlo yo, te parece único. Decido que esta tarde tú vas a ser mi terapeuta, porque sé que no te puedes mantener al margen.


Yo decido hasta qué punto quiero contar con tu compañía. Decido que vas a esperarme. Decido que hoy toca silencio. 


Ahora tú, querida madre, sí, ahora tú decide si vas a cambiar el testamento y desheredarme. 
Decide si acaso no soy más que un hijo caprichoso al que ofrecer amparo, o si tal vez soy apenas un alma perdida de aquéllas a las que Herodes permitió engendrar descendencia.  

El sentido

Vivíamos en la penumbra que sólo otorgan los relojes parados.
Mientras el sol tejía y destejía tras la ventana
el tapiz de nubes que sólo descifra quien sabe soñar.


Y el perro no ladraba.


Bebíamos de la sombra que guarda dentro cada armario.
Al otro lado del cristal los patos querían ser cisnes
y nadaban hacia atrás,
hacia los desasosegados quince años.


Y el gato no se lamía.


Volábamos sin alas a ras y en mudas miradas.
En la calle las Iglesias cambiaban de color y empezaban a pinchar. 


Y el vendaval era sólo de viento.


Nos despedimos del olfato, la vista y el tacto.


Y la palabra lo gobernó todo. 

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