No a la crisis


A esta hora

Líquido y salado
rodaba, como rocío bajando por tus hojas.

Marea, va y ven. 
Me viniste, ya no respirabas igual.

A las cinco, o casi las seis de la tarde, a esa hora éramos. 

Tus ojos cosidos,
mi nuez izada, 
el revés del silencio, 
el bien del prójimo, la próxima parada y tus palmas florecidas.

Un sondeo, decían,
son de otros, decían, 
nosotros no, decían, 
no vayas, decían,
no vengas, te dije. 

Pero la marea sabe ir y venir,
no desaprende.

Eran las seis, todas juntas, contigo alrededor,
con los derroches y lo que sobra de cada abismo. 

Los que dicen que no moriremos

Agarrado al poste, atravieso con picudas pupilas los párpados que se entreabren, aprieto los dientes, a veces no encajan, y noto cómo se desprenden los cabellos, cómo azotan materiales que se graban en mi piel, y pasan los segundos, las ráfagas y los escupitajos de hiel. El prójimo mira y consiente, se añade a la barbarie. 

Malparimos, vociferamos mientras obramos en contra de nuestros deseos y finalmente cosechamos miseria, mediocres cocientes que resultan de dividir nuestra desidia por la mitad de las ganas que tenemos de matar a nuestros freudianos padres. Pero no hay agallas, ni branquias, ni siquiera unas aletas fuertes que nos permitan salir del marasmo de esta pesadilla acosadora. Mientras nos aferramos al último clavo ardiente, el que se nos clavó en el ombligo y aún creemos que nos puede ayudar. Lo único que conseguimos es doblarnos sobre nuestro propio eje, y dar vueltas, pretendiendo ser tan inocentes como el perro que se busca la cola. 

Al menos el perro sabe cuándo reparte sus excrementos por ahí. Nosotros tiramos la mierda y escondemos la mano, miramos hacia otro lado, fingimos y echamos la chapa del chiringuito. Ya otros tirarán lo que ha de ser nuestro, los residuos de la miseria que nos sobra. Nos daremos la vuelta, levantaremos nuestra barbilla y seguiremos fingiendo estar en la brecha de la virtud. Porque cerramos el pasado con la espalda, aunque la espalda esté mancillada, si no nos la vemos, no importa. 

Avancemos, demos otro giro a la Tierra, busquemos una nueva Luna, que ésta se nos ha acabado y empieza a tener demasiados poemas a su nombre. Se me hace como la mujer que veo todas las noches en los mismos bares, que habla con todos y no se queda con nadie, ya me sé su nombre y sus peculiaridades, ya me sé sus tatuajes y sus modelitos... siguiente, ésta me aburre. Así se nos hace la Luna. Se nos hace poco divertida, se me han acabado los cráteres para ponerles nombres de personas cuyo nombre no es el mío. 

Busquemos a otras personas, otra Madre y otro Diablo, tal vez encontremos la nueva combinación de protagonistas que nos demuestren que aún le queda mucho a los historiadores por interpretar, muchas tesis doctorales sobre nosotros mismos y nuestro ombligo, el pozo sin fondo, el que nunca se llena, el que da para escribir 800 páginas en 6 años, que luego debo recortar porque una tesis en realidad no debe ser de más de 300 páginas, lo han dicho los señores de barba blanca y gafas que se reúnen con con miniportátiles y dietas por kilometraje. Ea pues, a partir de ahora la historia debe escribirse en menos tiempo, seamos más sencillos, más fáciles de identificar y con menos proezas que narrar... pero muy efectistas. Que las ideas, queridos todos, tienen que ser escuetas, catalogables, debemos poder ordenarlas alfabéticamente y traducirlas a un código binario lleno de ceros y unos para que todo el mundo se pueda enviar nuestras vivencias por bluetooth cuando muramos. 

Cuando muera el epitafio no lo escribiré yo, no. Un señor con toga y puñetas habrá dictaminado que no estaba en plenitud de mis facultades cuando escribí la presente. Debido a eso, en mi epitafio no pondrá "Vive mientras puedas, haz vivir, vive honestamente contigo, que no te quiten la paz, vive la paz". 

No, ya os lo anuncio: en mi epitafio, lamentablemente, habrá un código bidi para descargarse el link de mi biografía, autografiada ésta  mediante firma digital y un lamentable politono imitando un nocturno de Chopin, con el que mirar hacia la puesta de Sol, sobre la que se recorte la Peña de Francia...todo ello en 3D, claro. 

Ése es ahora el concepto de la inmortalidad. 


Nota: "bidi" no está en el diccionario. Inmortalidad sí. 

Episteme

Sabían las tablas dónde pisábamos. No se rebelaban. Aceptaban pasivas nuestras violentas huellas de polvo gris sobre el pulido negro. Más allá de los focos, en la nebulosa de falso humo, flotaban los ojos, que sólo se dejaban adivinar sin mirarlos fijamente. 
La voz percutía. Sentíamos con todo el cuerpo, y aun con el aire, las miradas y fluidos que éste despedía, quisiera o no. 

Más sabía el tramoyista, más el coletero en mi muñeca, más sabía el atrezzo derramado, mucho más, repito, que ninguno de nosotros. Porque no podíamos saber más, porque no asimilábamos más, porque nuestra misión era despedir, emitir, lanzar y proyectar... No podíamos saber más. 

Cuando paré, la basura estaba en las bolsas, los besos se habían dado, alborotado se hallaba cada cabello en el entorno, cansado se había el telón de tanto trasiego, cegados los espejos, cerrado el grifo... Me volqué en mis rodillas, no podían temblar porque las paraba el suelo. Mi pecho las protegía y mi espalda pedía no erguirse. 

Cuando paré pude reanudar el saber, que se parece tanto al saborear, a la certeza y al perpetuo fin de la discusión. 

Era agradable saber. Era agradable pero vertiginoso. Quien ya sabe no tiene más remedio que decidir. Quien decide elige un Camino. Quien elige un Camino es porque ya ha puesto un pie en él. Quien pone un pie en el Camino se le entrega. Entregarse es valerse de coraje. El coraje impulsa. El impulso hace avanzar. Quien no avanza no sabe si ha acertado. Es agradable saber. Es agradable saber ahora de los aciertos.

Agradable es saber ahora lo que las tablas ya sabían. 

Iñaki, el artista callejero sigue sorprendiéndonos

Hace mucho tiempo que no damos noticias de nuestro artista callejero favorito, Iñaki. Pero no es que nos hayamos olvidado...¡Ni mucho menos!
Iñaki se expande, igual que su creatividad y espontaneidad. Tal vez os hayáis fijado. Su arte abstracto invade nuestro casco histórico y los transeúntes seguimos admirados de la facilidad con que se inspira, y de la docilidad con que doma las paredes vacías, ahora completas gracias a él.
Este vasco de pura cepa, que se ha pateado Francia, es experto en forja artesana. En base a esta disciplina sigue elaborando sus exclusivas esculturas.
Pero el arte que ahora le caracteriza es el que nos enseña orgulloso en los muros de nuestra Ciudad de Piedra. Iñaki comenzó por la plaza del Corrillo, siguió por la Rúa, a distintas alturas de esta calle, en la Calle Meléndez y algunas otras esquinas donde aún no está terminada su obra y que esperaremos a mostrar.
De momento Iñaki se muestra satisfecho, comenta:"La gente pasa, pregunta, y yo disfruto el doble, creando y haciendo nuevos amigos".
Iñaki no pide, sólo recibe y agradece...pero sobre todo crea y disfruta.
Desde MPM os invitamos a que saludéis a Iñaki, seguro que os devolverá una sonrisa, sabiduría y amistad.
También os invitamos a que nos enviéis fotos vuestras con él...
Iñaki, por favor, sigue en la Ciudad de Piedra.


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