El rosal social

Estimado Mortadelo:

No creas que he tardado en responderte por dejadez o abandono, sino más bien por lo contrario.

He estado meditando intensamente sobre tu planteamiento y se me ocurren varias ideas que aportar al respecto.

En primer lugar, debo decirte que personalmente sí que he sentido algunas temporadas en las que he preferido la soledad voluntaria y en cierta forma hostil. Estas temporadas han sido escasas y breves, y lo cierto es que no recuerdo haber hecho evaluación alguna del resultado en mí y en mi entorno social.

Por otra parte, sí conozco bastantes personas que han atravesado periodos de aislamiento voluntario que podría calificar como "no pacíficos". Con esto quiero decir que no se trataba de personas que simplemente dejaban de llamar o de acudir a los eventos o reuniones sociales, sino personas que han renegado activa y verbalmente de sus respectivos entornos. Con algunas de esas personas (actualmente recuerdo unas cinco), sigo sin tener contacto alguno, ni yo ni nadie de mi entorno. Este hecho no implica necesariamente que se hayan convertido en eremitas, pero tampoco puedo garantizar lo contrario.

Hasta ahí mi punto de vista empírico.

Al hilo de tu post, considero muy afortunada esa analogía entre esta realidad que comentamos y la poda del rosal. Es por ello que he indagado bastante en estos días sobre todo lo que rodea a esta práctica de jardinería. Me ha sorprendido, a medida que iba conociendo los detalles, la perfecta comunión entre la necesidad de la poda de esta planta, y la que tenemos las personas de mejorar nuestra vida social a través de la retirada a tiempo.

Abordo el tema, pues.

El rosal es una verdadera institución que se encuentra presente en casi todos los jardines que visitamos. Todos tenemos o hemos tenido alguno, al igual que todos tenemos o hemos tenido vida social, fuente de alegrías y desdichas, fuente de rosas y espinas.

Centrándonos en la planta de tipo arbustivo, es imprescindible acertar con la época en que realizamos el saneamiento. No debe ser ni muy pronto ni muy tarde.

Si la poda se realiza pronto, puede verse resentida por las heladas de febrero, al igual que si decidimos desarrollar una criba social antes siquiera de tener vida social, puede que nunca dispongamos del florecimiento de la misma. En caso de poda tardía, directamente esta floración se verá resentida, y puede que las relaciones sociales que hallamos fraguado ya, hayan menguado nuestro discernimiento y sea difícil la vuelta al ser, a lo que uno quiere ser. Habría que esperar al próximo invierno, a la próxima intentona.

La poda se realiza para sanear y fortalecer.

Con ella se van las ramas, pues deseamos dirigir nuestro propio rosal social, a pesar de que parezca perder la imagen que tenemos del mismo.

Asimismo se van las rosas marchitas y mustias que roban nutrientes para las que vendrán, fuertes y renovadas. No podemos continuar con amistades que nos distraen de nuestra personalidad, por muy enriquecedoras que sean (o que lo parezcan). Hemos de quedarnos solos, y suavemente despedirnos en aras a nuestro futuro bienestar. Daños colaterales.

También echamos abajo las espinas (éstas hacen sangrar al jardinero, o sea, a nosotros mismos y nuestro corazón). Uno no puede seguir tirando de amistades que no funcionan, ni de relaciones sociales que lastran la moral o la disponibilidad. No podemos continuar con vampiros emocionales durante nuestro propio saneamiento, y es necesario decirles adiós, o por lo menos hasta el próximo periodo en que nos encontremos fuertes de espíritu y decidamos cómo afrontar nuestra reaparición.

En ocasiones ni siquiera es suficiente con podar, sino que hay que trasplantar. Salir de nuestra ciudad puede que nos aporte nueva luz, brisas diferentes y ecosistemas sociales beneficiosos, nunca se sabe. O puede que nos arruine la moral y nos devuelva a un punto de partida peor que aquél del que salimos. Si veníamos con pulgones dentro de nuestra psique, los llevaremos con nosotros a cualquier parte y contaminaremos allá donde volvamos a echar raíces.

Durante este trance, el rosal no se ve atractivo, nadie quiere fotografiarlo o hablar de él. No es agradable en ningún sentido, y sin embargo, es evidente que promete muchos y buenos frutos para la vista y el olfato.

Así pues, mi querido Mortadelo, después de semejante disquisición que, espero no haya resultado demasiado farragosa, mi conclusión se hace evidente.

Para realizar una buena poda o un buen aislamiento social y regenerativo, es necesario hacerlo con guía, tal vez con manual, con ayuda profesional, o de alguna persona que lo haya hecho anteriormente y nos aporte lo necesario para finalizar la tarea exitosamente.

Una vez realizada esta limpieza personal o botánica, acertadamente y desde lo racional, la apuesta que habremos hecho será garantía de éxito.

Ahora la cuestión sería si todo el mundo puede permitirse, en el exacto momento que lo necesita, un periodo de introspección asocial. ¿Qué ocurre si esa necesidad nos surge cuando, por problemas o tragedias vitales lo que necesitamos es exactamente eso, que la gente nos apoye y nos abrigue con su ánimo? ¿Qué ocurre cuando tenemos a un ser querido enfermo o fallecido, o una enfermedad grave y consideramos que es necesario hacer criba en ese preciso momento? ¿Es oportuno? ¿merece la pena?


AIW

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